BØRNENES BEDEMAND EN ESPAÑOL

La Funeraria de Niños


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Oscar K.
Ilustrado por Dorte Karrebæk

Escucha las canciones en
www.oscar-k.dk


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El propietario de la Funeraria de los Niños se llama Gómez. Vive en las afueras de la ciudad cerca del Río donde las casas son bajas y pocas. Aquí tiene el negocio en una calle tranquila. En el escaparate ha puesto un ataúd pequeño y un ángel que sonríe. Y encima de la puerta de entrada el letrero dice:

La Funeraria de los Niños
J.A. Gómez

El Sr. Gómez se dedica a preparar a los niños que mueren antes de que se les entierre. Los lava y los viste bien. Además, él mismo fabrica los ataúdes.
El taller se encuentra en el patio detrás de la tienda y de la pequeña sala. Ahí huele a madera recién cepillada y a cola, masilla y pintura.
En el patio hay un peral antiguo y un banco apoyado en la verja para cuando hace sol en primavera. Entonces el Sr. Gómez se come el bocadillo allí y mira las caléndulas que florecen delante del taller o al cielo.

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Entre el patio y la calle hay un pequeño pasaje. Allí está aparcado el coche fúnebre del Sr. Gómez. Es negro y está recién lavado y encerado.
La pequeña sala tiene dos puertas, una de doble hoja que da al patio que se abre para que el ataúd pueda entrar y salir y otra normal que lleva a la funeraria.
En la tienda hay un teléfono. Todos los días el Sr. Gómez espera que no suSola porque siempre se entristece cuando muere un niño. Pero claro, eso no debe repercutir en los niños, de manera que procura que las últimas horas sean agradables y luminosas para que no se den cuenta.
Entonces se pone a hablar con ellos aunque, quizás, no le puedan oír. Sobre el peral y las caléndulas en el patio, sobre el cielo y los ángeles. Y sobre la Señorita Sola de “Lavado y Planchado Fino” que todos los martes y jueves le llevan las batas limpias.

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Gómez gasta tres tipos de batas, unas de color caqui para cuando fabrica los ataúdes, unas blancas para cuando los pinta y unas grises para cuando arregla a los niños y los introduce en los ataúdes.

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Todos los días le hace mucha ilusión pensar en que la Srta. Sola va a volver. Tiene el pelo rizado, es alta y delgada, lleva gafas finas y tiene pies de bailar. Los zapatos le claquean un poco al andar. O cliquean. Clic-clac. Muy quieto para no molestar.

Pero al Sr. Gómez está encantado que le molesten. Si es la Srta. Sola, claro. Si no, prefiere que no. Eso se lo cuenta a los niños.


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O les canta cosas. El Sr. Gómez canta en un coro con otros tres empleados de funerarias. Barítono. Todos los miércoles por la tarde de ocho a nueve y media. Cantan música de barbershop. A capella. Sin acompañamiento. Ritmos ligeros, melodías pegadizas y armonías densas.

El Sr. Andradas canta la primera voz.
Oh, shi-ne on, shi-ne on harvest moo-n... Don Silvestre, que es tenor, queda un poco por encima del Sr. Andradas., el baríitono del Sr. Gómez un poco por debajo y Don Félix con su bajo, abajo del todo. Este último también es el que canta: up in the sky... mientras los demás mantiSolan el tono en “moo-n” antes de que los cuatro entonen: I ain’t had no lovin’ since: ♪♪, luego hacen una pequeña pausa y se turnan en cantar: January... February...June... or July. Y todos: Snow-time ain’t no time to stay outdoor and spoon. So, shi-ne on, shi-ne on harvest moo-n... Y Don Félix: ... me and my gal!

Se escuchan el uno al otro, se ajustan a la melodía y se detiSolan en algunos de los timbres cuando suenan bien, bien. Y alguna vez, no ocurre con mucha frecuencia, perciben una quinta voz. Se presenta cuando afinan perfectamente y no cantan ni demasiado suave ni demasiado fuerte. Un fino armónico tintineante. La voz de un ángel.

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Cada vez que ensayan una nueva canción cada uno se aprende las cuatro voces de memoria. Así pasa el tiempo de una manera muy agradable. Y además es práctico que el Sr. Gómez se sepa las cuatro cuando anda por la pequeña sala arreglando a los niños. Va saltando un poco entre las voces y casi le parece que puede percibir las armonías. Y los niños tiSolan una pequeña sonrisa blanca allí en sus ataúdes cuando canta:

My little… My little Margie, ¡oh!... thinking of you, Margie… I’ll tell the world I love you, don’t forget your promise to me… My darling… I have thought of… home-and-ring-and-everything… For…

En esas ocasiones el Sr. Gómez piensa en la Srta. Sola porque eso le pone de buen humor y los niños no se dan cuenta de lo triste que, en realidad, se siente.

Margie, You’v-been-my- in-spi-ra-tion…days are never…days-are-never… ¡blue… blue! After all is set and done, there is really only one. And… ¡Margie, Margie it’s you!


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Algunos de los niños son de muy corta edad cuando sus corazones dejan de latir. A ellos el Sr. Gómez les canta en castellano:

Ese lunar que tiSolas, cielito lindo
junto a la boca, no se lo des a nadie
cielito lindo que a mi me toca.

Ah, ah, ah, ah, canta y no llores
porque cantando se alegran
cielito lindo los corazones.

El Sr. Gómez piensa que eso es una gran verdad. Sólo tiene que imaginarse la sonrisa de la Srta. Sola para que se le alegre el corazón. Y se acuerda de algunas de las canciones que cuando era niño y escuchaba la radio:

Linda rosa perfumada, rosa de pasión, linda rosa codiciada de mi corazón.
En un pueblito español bello sol te vi y al tSolar que abandonarte triste me sentí
llevo una pena muy grande porque te perdí
rosa de fuego que nunca olvidaré, linda rosa perfumada, que bonita fue.

Y a Gómez se le olvida por completo que los niños ni siquiera saben lo que es "codiciada".



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Algunas veces también están presentes los padres cuando hay que introducir a su hijo en el ataúd. En esas ocasiones se entonan unos cánticos religiosos. O simplemente uno. Y los padres lloran. Es muy duro perder a un hijo.
En otros momentos asisten otros niños, hermanas mayores y hermanos menores y amigos y amigas. Los niños hablan y preguntan y ayudan a decorar el ataúd con flores y dibujos. A lo mejor llevan un osito de peluche al niño muerto o a la niña muerta, o juguetes o una de las cosas que les gustaba. Se introduce también en el ataúd. Después cantan la de Ahora que vamos despacio o Había una vez un barquito chiquitito y casi es una fiesta. Sólo que sin globos y tarta de chocolate.
Cuando se entierra a los niños, la mayoría de ellos suelen llevar su ropa más bonita, la que llevaban en las navidades pasadas o en el último cumpleaños. Pero también los hay que llevan pijama o un mono o una camisa blanca, larga y de mangas amplias que Gómez les pone una vez que estan en el ataúd.

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Un día el Sr. Gómez acaba de arreglar a una niña muerta. Se llama Elena y está tumbada encima de una sábana en una camilla con ruedas. Lleva un vestido color lavanda y tiSola los ojos pacíficamente cerrados y una pequeña sonrisa en los labios. Gómez quiere cantarle una canción pero apenas se acuerda de la letra de manera que tatarea la melodía:

Hmn, hm-hm-hm-hm, hmn, hmn, hm-hm-hm, hmn… en primavera…

El Sr. Gómez no se ha dado cuenta de que ha entrado la Srta. Sola, porque se ha mantenido muy quieta escuchando la melodía.

"Es una canción hermosa", dice y le proporciona la sonrisa más cariñosa del mundo al Sr. Gómez. "¿Siempre les canta a los niños?"

El Sr. Gómez asiente con la cabeza.

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Es uno de los primeros días de ese invierno que hace sol fuera, y cuando la Srta. Sola ha dejado las tres batas, la marrón, la blanca y la gris, el Sr. Gómez la invita a tomar un café en el banco del patio.
Ahí están, tomando café de un termo, al solecillo y compartiendo los cuatro sándwiches de mortadela del Sr. Gómez. Y él mira los geranios y las caléndulas delante del taller. Y al cielo.
Hoy la Srta. Sola ha planchado cinco pantalones, doce camisas y tres batas, dice como quien no quiere la cosa.

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Tres batas, piensa el Sr. Gómez y sonríe.
-"Y esta tarde iré al cine. Voy sola al cine todos los martes. ¿Le gustaría venir?"
-"¡Sí!" dice el Sr. Gómez. "Con muchísimo gusto."
-"Bueno, pues…" La Srta. Sola se levanta. "…a las siete."
-"A las siete…"

El Sr. Gómez se queda un ratito más al sol después de marcharse la Srta. Sola.

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Luego vuelve a entrar en la sala pequeña y pone serrín y virutas de madera en el fondo del ataúd de Elena. Abre un corte en medio de la sábana blanca y la pone encima del serrín y las virutas procurando que se cubran bien los bordes. Así se lo enseñaron en la Escuela de Funerarias para que Elena no se lleve la sábana hacia abajo cuando se le introduzca en el ataúd. Mientras trabaja, el Sr. Gómez canta todas las canciones de sol

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que recuerda y el día pasa rápido. A las cinco lleva el ataúd con Elena a la capilla y a las siete menos cinco se encuentra delante del cine para esperar a la Srta. Sola.
Lleva un pequeño sombrero y un abrigo largo. El Sr. Gómez compra las entradas y una bolsita de almendras garrapiñadas y cubiertas de chocolate.
"No demasiado atrás", dice la Srta. Sola. Ve mejor más de cerca.

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Ahora se encuentran en la oscuridad. Primero ponen publicidad y luego toca la película sobre un hombre y una mujer que hacen claqué y bailan y van en tren y van en tren y al final se besan y hacen llorar un poquito a la Srta. Sola. Afortunadamente el Sr. Gómez lleva un pañuelo limpio y recién planchado y se lo deja. Y la Srta. Sola vuelve a sonreír en la oscuridad.

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Cuando la película finaliza se van a un café y la Srta. Sola cuenta que siempre soñó con ser bailarina de claqué. Desde que era pequeña siempre veía películas con gente que bailaba claqué.
Y el Sr. Gómez que no está muy acostumbrado a tomar vino se anima tanto que cuenta que sus nombres de pila son Juan Alfredo y que canta en el Cuarteto del Barbershop de las Funerarias. Ese tipo de canciones con las que hacían pasar el tiempo los hombres en las barberías de Nueva Orleáns mientras esperaban a que les afeitasen.
La Srta. Sola ríe y quiere saber más. Entonces el Sr. Gómez cuenta la primera vez que el cuarteto iba a cantar en la Fiesta de Navidad de las Funerarias. Cruzaba el puente sobre el Río en bicicleta vestido de negro con la cara pintada de negro y los guantes blancos y su sombrero de paja voló tres veces.

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A medianoche, al acompañar a la Srta. Sola a su casa, no puede evitar cantar una de las canciones de la Fiesta de Navidad:

I saw mommy kissing santa claus
Underneath the mistletoe last night.

Y la Srta. Sola le coge el brazo al Sr. Gómez y da pasitos con sus pies de bailar, clic - clac, mientras mira las estrellas.

I saw mommy tickle santa claus
Underneath his beard so snowy white;
Oh, what a laugh it would have been – ja, ja -
If my dad had only seen
Mommy kissing santa claus last night.

Al Sr. Gómez le apetece mucho besar a la Srta. Sola pero, como ya han llegado a su portal, simplemente le da las buenas noches. Y que lo ha pasado muy bien. Y la Srta. Sola sonríe y se mete en casa.

Gómez vuelve flotando a casa y no consigue dormirse de lo feliz que se siente. Porque el próximo martes van a ir al cine otra vez, él y la Srta. Sola.

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Al día siguiente por la tarde traen a un niño al que la Policía ha encontrado cerca del Río. Nadie sabe quién es ni de dónde es.
-"Seguro que es un huérfano. Un niño de la calle", dice el policía, "pero un entierro no le debe faltar. ¿Te encargas tú, Gómez?"
El Sr. Gómez asiente y los policías se marchan.

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El niño está echado en la camilla. No parece haberlo pasado bien. La cara gris y sucia, el pelo revuelto y con un gorro pringado en la cabeza. El jersey y los pantalones están sucios y las zapatillas gastadas tiSolan varios agujeros.
El Sr. Gómez le quita toda la ropa vieja. Y resulta que el niño es una niña. Pobre chica, piensa Gómez y la lava con mucho cuidado. El agua de la palangana se vuelve negra varias veces antes de que la niña esté limpia y blanca. Busca una camisola blanca de mangas amplias y se la pone.
El Sr. Gómez busca el ataúd más bonito que tiSola en el taller. Lleva todo el invierno trabajando en él. Es de madera de rosal y en la tapa lleva finas incrustaciones cuidadosamente metidas de ébano negro. Coloca el ataúd en dos caballetes en la pequeña sala, mete serrín y virutas en el fondo, lo cubre con una sábana. Levanta a la niña y la introduce con mucho cuidado.
Ahí está, pálida y sin sonreír.

Luego él se da cuenta de que no le ha cantado nada.

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Pasa un ángel a través de la sala. El Sr. Gómez está todo quieto, luego empieza a cantar:

Who's that coming down the Street?
Who's that looking so petite?
Who's that coming down to meet me here?
Who's that you know who I mean?
Sweetest "who" you've ever seen,
I could tell her miles away from here.
Bum! Bum! Bum!
Yes, Sir, that's my baby, No, Sir, don't mean "maybe".
Yes, Sir, that's my baby now.

"¡Cli-que-di-clac! ¡Clic-clac!" ¿Eso qué es? piensa Gómez.

Yes ma'am, we've decided, No, ma'am, we won't hide it
Yes ma'am, you're invited now.

"¡Cli-que-di-clac-clac-clac!" ¡Alguien bailando claqué!

By the way...

"¡Clic-clac-clic-clac!" ¿¡La Srta. Sola!?

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By the way…
"¡Cli-que-di-clac-cli-que-di-clac!" Ahí, en la puerta, ¡está la Srta. Sola con sus pies de bailar, bailando claqué!

When we reach the preacher I'll say - with feeling:

"¡Cli-que-di-clac! ¡Clic! ¡Cli-que-di-clic-clac! ¡Clac!"

No, Sir, don't mean maybe.

"¡Clic! ¡Clac!"

That's my baby now.

"¡Cli-que-di-clic-clic-que-di-clac!"

Al Sr. Gómez le parece que hay una pequeñísima sonrisa en la boca de la niña.
"¡Qué canción más bonita!" dice la Srta. Sola que ha salido de trabajar y simplemente pasa para contar lo bien que se lo pasó anoche.

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En ese momento un perro sin amo entra corriendo por la puerta que la Srta. Sola ha dejado abierta. Va directamente al ataúd, sube las patas delanteras y gimotea.
“!¿Y tú quién eres?!" pregunta el Sr. Gómez.
El perro se le acerca suspicazmente. Luego levanta el hocico y se pone a aullar. Mira a Gómez como si algo le quisera contar. Y vuelve a aullar. Y vuelve a mirar. Sucesivamente.

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Al final el perro se acerca a la Srta. Sola y se pone a mirarla. Le tira del vestido y se la lleva al patio. El Sr. Gómez les sigue.
El perro sale por el pasaje y se sienta en la acera mirado hacia atrás. Pretende que vayan con él.
La Srta. Sola y el Sr. Gómez siguen al perro sin amo. Ha empezado a nevar, es de noche y hace muchísimo frío y el Sr. Gómez y la Srta. Sola no se han puesto el abrigo. El perro los lleva al Río. Está congelado. Y desde el puente penden gigantescos carámbanos.

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El perro los lleva debajo del puente hasta un bidón con carbón candente. Alrededor del bidón hay tres niños congelados que intentan calentarse con el carbón. Llevan gorras pringadas al igual que la niña encontrada por la Policía.

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El perro sin amo mueve el rabo.
-"¡Funky!" llaman los niños y el perro se acerca y les lame las caras.
El Sr. Gómez les pregunta si saben algo de una niña que ha desaparecido. No contestan.
-"¿Os apetece una taza de chocolate y un baño caliente?" Es la Srta. Sola.
-"¿Espeso?" El más pequeño la mira tímidamente.
-"¡Espeso!"
-"¿Es necesario bañarse?" Ahora es el mayor.
-"Pues no", contesta el Sr. Gómez, "sólo si…"
-¡"Entonces sí que nos apetece!" El mayor mira a los otros dos y se levanta. Y Funky mueve el rabo y ladra.

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Ya se van a casa: primero Funky que ya conoce el camino, en medio los niños y al final la Srta. Sola y el Sr. Gómez al que se le ha olvidado que los miércoles tiSola coro.
Entran en el taller. Allí la calefacción está puesta. La Srta. Sola

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prepara el chocolate, lo deja muy espeso. El Sr. Gómez estornuda y busca unas mantas calientes para los niños para que se descongelen, además de una para él mismo y otra para la Srta. Sola. Luego coloca un barreño grande en el suelo. Lo llena de agua caliente y saca toallas y jabón.

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El mayor de los niños se llama Diego, la de en medio Dora y el pequeño David. Este toma cuatro grandes tazas de chocolate con nata y al final sí quiere tomar un baño. Dora también.
Y el Sr. Gómez les habla de la niña que encontró la Policía. Ahora está en la pequeña sala en su ataúd. Mañana la van a enterrar y no hay nadie, excepto Gómez, para acompañarla al cementerio.
-"Y yo", dice la Srta. Sola.
Los niños bajan la mirada.
-"¿Podemos pasar aquí la noche?" pregunta David.
El Sr. Gómez asiente y saca tres almohadas para los niños. Luego él y la Srta. Sola les dan las buenas noches y apagan la luz.
-"Hasta mañana" contestan los niños en la oscuridad. Después se cierra la puerta.

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Primero todo es silencio, después David cuchichea:
-"¿Pensáis que…?"
-"Sí", dice Diego. "Ahora es un ángel".
-"¿Todos nos convertimos en ángeles cuando morimos? Es David de nuevo.
-"Mmm… Hay dos clases. Los ángeles normales y los ángeles de la guarda. Los de la guarda patrullan y tiSolan el cabello de ángel."
-"Los chicos no os parecéis a los ángeles," dice Dora bostezando. "Ni siquiera cuando sonreís".
-"¿No es suficiente simplemente creer en Dios?" Los ojos de David casi se cierran.
-"Sí. ¿Pero tú crees en él?" murmura Dora.
-"Ttenemos un perro que cree…". David. "¡Que descanses, Funky!"
-"¡Buenas noches!"

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A la mañana siguiente, cuando se despiertan los niños y Funky, el Sr. Gómez ya está en la pequeña sala junto a la Srta. Sola que ha traído un ramo de flores finas.
-"¿Podemos verla?" pregunta Dora.
-"Sí. Acercaos".
Y allí, en el ataúd, está la niña pálida. Se ha borrado la sonrisa. David agarra el borde del ataúd y se pone de puntillas.
-"¡Sí que es Dina!" exclama sorprendido David. "¡Qué guapa está!"
A Dora y a Diego les brillan los ojos mientras asienten con la cabeza. Funky gimotea en voz baja.
-"¿Se llama Dina? pregunta el Sr. Gómez.
-"Sí". Es nuestra hermana mayor.

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El Sr. Gómez sonríe. Luego empieza a cantar suavemente:

Dinah, is there anyone finer in the state of Caroline. If there is and you know her, show her to me. Oh, Dinah with he Dixie eyes blazing, how I'd like to sit and gaze into the eyes of Dinah Lee.

Gómez canta las cuatro voces para que él no sea el único en oír las armonías densas. Funky levanta las orejas y los niños y la Srta. Sola también las oye. La Srta. Sola acompaña con un baile de claqué, clic-clac, y al final todos perciben el armónico que tintinea. La voz del ángel.

Dinah, is there anyone finer ...